"LA MUJER SIN SOMBRA" de Richard Strauss en Bellas Artes.
5 Mayo 2012
25 Mayo 2011
“COME LA TOSCA IN TEATRO”
Por Manuel Yrízar.
Muy equivocados están quienes piensan que uno va a la ópera a sufrir o a criticar todo lo que esta mal.
A la ópera vamos a disfrutar. A oír la música que amamos. A llenarnos de energía positiva. A saludar a los amigos y a la gente que amamos. A echar chisme en los pasillos.
Difiero de algunos críticos que gozan cuando las cosas no salen bien para incitar al público a que “Mejor no vayan. Estuvo horrible.” Como escuchamos decir al crítico del periódico REFORMA el estimado Lázaro Azar en un programa radiofónico.
Al contrario.
Quisiéramos que la gente fuera al teatro y que hubiera más y mejores funciones. Que la ópera en la ciudad de México sea un disfrute cotidiano como lo fue durante muchos años. Es una delicia leer las crónicas de esos tiempos no tan lejanos que podemos disfrutar en los libros donde las ha recopilado el tesonero investigador José Octavio Sosa Manterola. A eso vamos.
Bienvenida la crítica mordaz e inteligente. Irónica. Fuerte. Graciosa. Terrible. Aquella que mira los errores y fustiga con látigo feroz lo que no funciona.
Pero no estaría nada mal que hubiera propuestas.
OH¡ DOLCI BACI, O LANGUIDE CAREZZE…
Un segundo elenco de cantantes entro a cantar en la misma producción de la ópera “TOSCA” de Puccini que se presenta en Bellas Artes y, como siempre sucede, las cosas cambiaron totalmente. Esa es la magia de la ópera. No hay ninguna función, aún con el mismo elenco, igual a la otra. Los mismos artistas, la misma orquesta, el mismo director, pueden brindar una función espantosa donde todo está patas arriba y esos mismos brindarnos una función memorable que se grabara en nuestra alma y en nuestro corazón. Eso lo sabe cualquier villamelón. No podemos decir:”A esa cantante no la vamos a escuchar nunca. No necesito tomarme el veneno para saber que me va a matar.” Clichés y frases hechas, muletillas, apantalla pendejos. Que los hay.
La crisis que ha venido padeciendo la ópera de Bellas Artes podría volverse crónica si no se toman las medidas necesarias para sacar al buey de la barranca. Lo primero sería reconocer el problema. Evaluarlo. Analizarlo. Ponderarlo. Y solucionarlo. Un problema que no tiene solución no es problema.
Si se cuenta con lo indispensable para trabajar bien, si tenemos un teatro renovado que muchos millones nos ha costado, ya es hora de tomar al toro por los cuernos. Dejarnos de lamentos y pechicaterías. Podemos y debemos hacerlo.
RECONDITA ARMONIA DI BELLEZE DIVERSE¡…
Satisfechos salimos anoche de la función presenciada que corrió con serenidad. Resueltos los problemas señalados por la mayoría de los críticos y los propios responsables la música de Giacomo Puccini volvió a deleitar al no siempre respetable público. Con un elenco encabezado por experimentados cantantes que llevan tras de si más tablas pisadas que un carpintero veterano las cosas funcionaron con normalidad. Las aguas volvieron a su cauce. La función corrió sin tropiezos ni contratiempos y la historia trágica de los enamorados Floria Tosca y Mario Cavaradossi y el pérfido Barón Scarpia volvió a contarse con ese lenguaje embriagador e hipnótico de la música, la poesía, el canto, eso que llaman ÓPERA. Que la hubo y disfrutamos.
Mucha alegría me dio escuchar a la soprano Eugenia Garza, por quien tenemos un especial afecto y simpatía, llegar a cantar un personaje al que llega en un momento de asombrosa madurez vocal y artística. La Diva representando a la Diva. Mujer temperamental y controvertida, cantante poseedora una de las voces más bellas de México, ha sido, como su apellido, Ave de Tempestades. La Divina Garza como se le conoce en el medio. Y aquí, en el terrible papel que requiere ser cantado por alguien que le haga justicia, Eugenia nos brindó el mejor papel que le hemos escuchado en muchos años. Resueltos todos los problemas técnicos de emisión, con absoluto control del hermoso instrumento, con una inteligente lectura del poema y de la música perfectamente adecuada a sus condiciones vocales, su Tosca fue creíble y adorable. Ojala vengan a escucharla sus críticos para constatar el grado de control, concentración y dominio que al que ha llegado la soprano Eugenia Garza. Una Tosca que se va transformando de la mujer enamorada, ingenua, dulce y voluptuosa, en la fiera que defiende su honor mancillado y mata en legítima defensa plenamente justificada. Todos los matices de su cuerda. Aplaudimos y constatamos su trabajo.
Mario Cavaradossi fue interpretado por el experimentado tenor José Luis Duval que brinda todo lo que tiene para dotar de voz y vida al héroe romántico entrañable y malogrado. Víctima injusta de un sistema que termina la vida de quienes concuerdan con sus tiranías.
Genaro Salvarán es otro cantante que sabe lo que es abordar a un villano cruel y sofisticado como el sátiro santurrón libertino que se escuda en la religión para refinar sus apetitos lujuriosos. Muchas veces ha cantado Genaro a se personaje al que dota de esa voz oscura y de timbre hermoso con el que siempre sale adelante en su personal interpretación de los personajes de su cuerda baritonal.
Mejor oímos ahora a los otros personajes como el Angelotti de Ricardo López, el Sacristán de Arturo López Castillo, el Spoletta de Victor Campos y el Ciarrone y carcelero de Roberto Aznar.
La Orquesta del Teatro sonó mejor también con mejores tiempos y matices, más atmósferas dramáticas, música escénica que sostiene la acción y subraya los sentimientos. Las campanas de Roma del tercer acto me trasladaron a ese amanecer preludio de la muerte donde Mario espera a Floria para despojarla de los velos entre sus brazos.
Raúl Falcó resolvió con seguridad y colmillo una escena que contó la historia bien contada y transitó con éxito convencional su sobrio y limpio trazo. Hombre de teatro y música es uno de esos Operópatas siempre buscando nuevos horizontes.
PARLAMI ANCOR COME DIANZI PARLAVI…
Anoche me acompañó a la función una de mis alumnas de los talleres de Ópera que he dado quien nunca había visto una función de “TOSCA”. “Es mi primera vez.” Dijo entre ingenua y picara. Desconocía totalmente el argumento y no sabía siquiera de que se trataba la historia: “Te envidio”- le conteste. Añoro con nostalgia cuando la vi y escuché por primera vez ya ni me acuerdo donde ni cuando.
Y salió fascinada. Transformada. Maravillada. Me decía como sentía que la música la envolvía y se identificaba totalmente con los personajes. Puso a volar su mente y su fantasía. Desprejuiciada. Pura.
También para esos nuevos públicos están hechas las óperas. Quienes la hemos visto tantas veces que ya casi la sabemos de memoria. Para quienes la conocen por vez primera. No todo es la memorable
“TOSCA” por antonomasia con Callas, Di Stefano y Tito Gobbi. Muchas otras Florias, Marios y Vitellios esperan enamorarse, matar y morir. Démosles esa oportunidad. Los responsables deben hacerlo.
México D.F. miércoles 25 de mayo de 2011.
21 Mayo 2011
"Tosca gentile la mano mia
“TOSCA” Bellas voces: escenografía gacha.
Por Manuel Yrízar.
Regresamos este jueves 19 de mayo al Palacio de Bellas Artes a ver una vez más la función de la “TOSCA” de Puccini que no nos gustó en el estreno del domingo 15. Bastante mala estuvo la Prima pues se conjugaron mil atrocidades que dieron al traste con lo que en el papel pintaba muy bien. Elenco de bellas voces mexicanas que ya han brillado en Europa. Expectación y curiosidad de saber como suenan aquí. Decepcionados salimos de esa desbarajustada producción que hizo decir a uno de mis más viejos y queridos amigos: “¡Es el peor acto Primero (matizó suavizando sobre el desaguisado) que he escuchado en los últimos 30 años¡” Le dije que exageraba. Pero diría el difunto José Antonio Alcaraz:” Estuvo fellollona.” Traducida como fea.
El mismo dilecto amigo me informó: “Se compuso muchísimo el martes. Ya fue otra cosa.” Así que decidimos ver que había pasado. Esta es mi crónica.
Casi todo el elenco tenía como marca de fábrica un nombre: ENRIQUE JASO. Con alguna excepción los cantantes protagonistas y los secundarios eran sus alumnos. Me imagino a mi maestro comentando en la sala del teatro: “La producción estuvo “gachita”. Pero mis hijitos cantaron bien.” Que sería resumir lo acontecido. Yo le echaría en mucho la culpa a la escenografía disfuncional del arquitecto Legorreta. Una eminencia que hace recordar lo del zapatero.
Imaginen ustedes un gran cascarón de huevo agujerado partido a la mitad como una parábola donde transcurren los tres actos. Iglesia, Palacio, Cárcel. Todo dentro del mismo huevo ovoidal. Además de fea es acústicamente peligrosa: defectuosa. Quienes cantan dentro de ella padecen el suplicio de Tántalo. No pueden escucharse bien a si mismos ignorando si sus voces también son escuchadas en la sala. En lugar de salir y regresar la voz se pierde y rebota allí mismo dentro del escenario. Descontrolados los cantantes tratan de suplir estos desfiguros cantando de manera diversa a la que están acostumbrados. Gritan, engolan, oscurecen, hacen mil malabarismos para salir adelante. No siempre lo consiguen. En la primera función el descontrol fue abismal. Ya en la que reseñamos, tercera de este primer elenco, habían aprendido la lección. Algunos conversamos con ellos y los tratamos de despreocupar. “En la sala si te oyes. No te preocupes. Canta de manera natural y cubierta.” Se acoplaron a ese espacio molesto.
Y que bueno que lo hicieron. Despreocupados y más confiados los artistas lucieron esas voces bellas que poseen. Sobre todo los tres protagonistas.
Bertha Granados cantó el rol epónimo de la ópera. La Diva Floria Tosca, mujer celosa y amorosa, que despierta pasiones terribles en sus dos enamorados. Poseedora de una hermosa voz de soprano lírico spinto con un timbre poderoso de color plateado de brillo reluciente cuyo registro grave es oscuro y profundo y el medio coloreado de matices ámbares con buen apoyo y un registro agudo bien trabajado y reluciente. Voz de buen tamaño que corre sin contratiempo por la sala es capaz de lograr matices diversos y dinámicas varias. Su instrumento ya ha sido escuchado en diversos teatros del planeta. Su caracterización de la cantante enamorada es convincente. Lleva el peso de la obra y sale avante.
Muchos deseos teníamos de ver y escuchar en un rol protagónico al tenor Diego Torre a quien elogiamos como “la voz que hacía falta” cuando nos sorprendio la belleza y calidad de su instrumento vocal. Tiene el cantante una de las voces más importantes surgidas en México en los últimos años. Instrumento poderoso de gran sonoridad Torre es un tenor lírico spinto con capacidades dramáticas. Una voz singular dotada de hermoso color oscuro en sus registros grave y central y un agudo brioso y lumínico que surge con esplendor y se proyecta con gran fuerza y vigor. Cuajado de armónicos la voz de Diego logra no obstante su tamaño y poder cantar bien logrando matices que se agradecen. Inteligente y muy musical su Mario Cavaradossi es el héroe romántico y emotivo: el amante de Tosca; un volteriano. Prometió y cumplió con pundonor. Bravo.
Juan Orozco es un barítono que ha ido escalando con esfuerzo y gran dignidad los roles de su cuerda más destacados. Desde el año 2001, en que ganara el Concurso de Canto Carlo Morelli, Orozco lleva diez años de ascenso en el panorama internacional interpretando papeles verdianos, veristas, de Richard Strauss y el que cantó ahora, el Barón Vitellio Scarpia, tirano si los hay, malo de la obra que han hecho famoso los grandes barítonos que lo son de verdad. Madurará seguramente este atroz personaje pues cada día va encontrando en el siniestro personaje nuevos toques y secretos.
Los papeles secundarios del Sacristán, Angelloti, Spolleta, Sciarrone-Carcelero, Un pastor, fueron llevados con solvencia por Charles Oppenheim, Ricardo López, Victor Campos, Óscar Velázquez, y el párvulo Arturo Sotelo Salas.
La dirección y concertación musical la llevó el cada vez más familiar Nicksa Bareza, el coro dirigido por Xavier Rives, el de niños Schola Cantorum Alfredo Mendoza y una puesta en escena de Raúl Falcó.
14 Julio 2008
Triunfal ”LUISA FERNANDA” agotó localidades.
Por Manuel Yrízar.
Sonoros bravos y emocionadas ovaciones de un público generoso y entusiasta cerraron la función de la zarzuela
Éxito innegable artístico y de público esta historia que destila miel y grata cursilería deleita a aquellos que prefieren pasar una velada de placer audiovisual hartos de noticias mortales. Muchos que querían entrar no lo lograron pues ya no encontraron boletos como le sucedió a la querida Ingrid Haas que iba con sus papás. Y así muchos desprevenidos que no tuvieron el tino de comprar sus entradas con la debida anticipación. Pero quedan todavía cuatro funciones más.
Con una producción que mucho recuerda al ídolo de nuestra infancia Enrique Alonso “Cachirulo” que hizo escuela en este género como en el infantil “Teatro Fantástico” de escenografía funcional de anticuado encanto pobre pero bonita. Esos trastos deliciosos que nos llevaban a “ese apacible rincón de Madrid” o a “las dehesas o los encinares”.
Preferibles esas reminiscencias encantadoras a las aparatosas de quienes pretendieron darnos gato por liebre como en el espantoso “Eugene Onegin” de Tchaikovsky.
Aquí nadie pretende engañarnos sino todo lo contrario. Hay frescura y espontaneidad, cariño verdad, para seguir a tono.
Y a esa verdad sin tapujos ni falsas intenciones acude un público que no olvida y otro que quiere conocer sobre ese genero español entrañable con el que el genio de esa tierra contribuyó a enriquecer el teatro musical todo él hijo de la ópera. No por “chico” menor. Los elementos de una historia sencilla en apariencia de amores almibarados y revueltas antimonárquicas, de ambiciones arribistas y nostálgicas pasiones, dotan de un aura sutil por el encanto de la música ligera y hermosa, personajes verosímiles y entrañables, un tanto caricaturescos quizás pero queribles por esas mismas razones. La belleza de la partitura, obra maestra de aparente simplicidad, requiere de un elenco que nos haga no solo creer sino vivir el romance del Luisa Fernanda y sus dos contrarios y en el fondo igualmente románticos personajes: Javier y Vidal. Triángulo apasionado y pasional como tantos hemos sabido. Luisa Fernanda tiene que preguntar a su corazón.
Los cantantes elegidos para estas funciones son los mejores.
Jóvenes veteranos de esa generación que hemos llamado de los 80s pues en esos años iniciaron sus carreras la mayoría de los artistas que aquí participan y que contribuyen al éxito logrado. Amorosos y entregados el aplauso es gratitud merecida. La dirección musical y artística así como la puesta en escena destila y destella entusiasmo y amor apasionado.
Encarnación Vázquez lleva el rol protagónico con gallardía ejemplar. Su Luisa Fernanda es una mujer enamorada de enorme fortaleza que se debate entre esos sentimientos contrarios de amores tormentosos. Vocalmente dota a Luisa de una cálida tesitura de mezzo sobrada y rica, matizada y adornada, cuidando los matices y las inflexiones, destacando en los duetos con sus pretensos. Enamorarse de una mujer así, seria, guapa y salerosa, conservadora y ejemplar, se entiende. Su romanza final “Cállate corazón...” queda allí.
Javier Moreno es interpretado por el tenor José Luis Ordóñez poseedor de una voz bella y poderosa, que ira matizando y enriqueciendo con esas sutilezas que se aprenden con las tablas zarzueleras difíciles precisamente por ellas. El soldado ambicioso y pendenciero, macho y mujeriego, lograra, a pesar de todas esas virtudes o quizás por ellas, llevarse a la pretendida. Un poco tiesón como coronelazo al principio se va aligerando y ganando su personaje en el transcurso de la obra. La Duquesa de Lourdes Ambríz es la de una aristócrata del canto y la actuación. Belleza y prestancia, donaire y gallardía, agilidad mental y riqueza de recursos histriónicos. Y por si fuera poco se pone a bailar “a la usanza granadina” que es un primor. “Yo señora, doy cincuenta”. Yo daría cien. Este papel lo alterna con otra mujer prodigiosa: Conchita Julián.
Aparte hemos dejado un lugar privilegiado para quien recibe la ovación más estruendosa de la función: Jorge Lagunes quien da vida, piel, entrañas, pasión y fuerza, a un Vidal Hernando que si no conquista a su “morena clara” sí lo hace con el público que sale conmovido con su personaje. Lagunes nació en esa cepa zarzuelera y es el segundo con ese nombre que lleva en alto toda una tradición de tercera generación. Su Vidal conmueve a una jovencita en edad de merecer como mi sobrina Jana lo mismo que a mi mamá que vio cantar el extremeño a Placido Domingo, padre del segundo del mismo nombre. Una creación hace este barítono a quien no nos cansamos de elogiar la belleza tímbrica de su instrumento, oscuro y varonil, en gola al estilo clásico antiguo.
Todos los comprimarios, partiquinos, comparsas, el coro juvenil y bisoño, primerizo pero entregado y entusiasta, la orquesta tambien joven, como los “Juniors” debutantes en papelitos Jorge Lagunes III, León Felipe Tapia Vázquez y Leopoldo Falcón Castrejón, todos hijos pintos de tigres reales, contribuyen a enriquecer la cálida función. ¡Bravos¡
Un párrafo final elogioso en extremo a quienes llevaron a buen puerto esta temporada. Sobre sus hombros cayó la responsabilidad y cumplieron con excelencia su papel.
Leopoldo Falcón, zarzuelero primero de México, cuyo amor es tan grande como su trabajo y su entusiasmo desbordado. La producción y la dirección, además de cantar y dar vida al muy locuaz y tremendo Anibal, no hubiera sido posible sín este maravilloso resucitador de lázaros que como aquellos personajes de Zorrila “los muertos que vos matáis gozan de cabal salud.” Y en la orquesta y concertación del espectáculo
Dignos de aplauso estos esfuerzos de un equipo de trabajo dotado de virtudes que quisiéramos otros aprendieran y pusieran en práctica. Pero sería casi tanto como pedirles
26 Mayo 2008
De la que se salvó Ramón...”Eugene Onegin” en el Blanquito.
Por Manuel Yrízar.
Ahora sí les falló feo.
La pretenciosa puesta en escena de la ópera de San Francisco con “nuestro gran tenor internacional Ramón Vargas” encabezando un gran elenco también internacional que nos llevaría de regreso a la gloria de antaño, ay, tan añorada, como el presuntuoso Pepe Areán, Superintendente de la Inexistente y No obstante Divina Compañía Nacional de Ópera de “Bellas Artes” terminó en parchado traje de Arlequín. Ni vino Ramón ni llegó la gringa Producción. Lo que el sufrido pero siempre entusiasta público de villamelones que no alcanzamos a llenar la sala a pesar de que nos regalan a algunos críticos, cronistas y anexos los preciados boletos.
La legislación, (Dura lex sed lex), a pesar de tanto leguleyo en Conaculta, no pudo ser salvada por los organizadores del evento y la tan cacareada Producción de la ópera de San Francisco jamás pisó suelo mexicano. Para sacar el buey de la barranca Horacio Almada y Mauricio Trápaga quienes firman al alimón el “Diseño de escenografía y vestuario, iluminación” fueron comisionados por el mentado Superintendente Pepito Areán a buscar en Ticomán algunos trastos y trapos que permitieran lograr la hazaña de que el mentado vacuno saliera lo menos magullado posible del hondo pozo, sima profunda, donde se halla desde tiempos remotos el animalito. No pudieron.
La Imperial y Decadente Sociedad de la Zarista y muy Ortodoxa y muy Católica Rusia Decimonónica devino en tarima circular inclinada y cámara negra. Ahora ni proyector.
Unos girasoles de papel simularon el jardín de la casa de campo de las Larina, la habitación de Tatiana, los salones de baile de la misma casa de los Larina y la del Príncipe Gremin,
y el gélido lugar donde Onegin mata a su amigo Lensky. Si el recuerdo no es infiel esa tarima circular fue la misma que se uso en un “Orfeo y Eurídice” de la era Falcó. Algunos muebles aquí y allá, del más puro estilo “Art Nacó”, completaron el fausto. El vestuario si fue espectacular. Echaron la casa por la ventana. Todo el que tenían salio a relucir en los siete cuadros de que consta la ópera del ruso Piotr Ilich Tchaikovsky. Era una delicia reconocer todos y cada uno de los vestidos que ya hemos visto hasta la saciedad en títulos tales como “La traviata”; “La Boheme”; “El elixir de amor”; “Lucía de Lammermoor”; “Carmen”; y algún otro que encontraron por allí parchados con girasoles muy rusos para que dieran el “gatazo”. No lo dieron.
Era tanta la pobreza exhibida que hasta las puertas y el candelero grandote del palacio de Gremin semejaban y me recordaban el Teatro esperanza Iris a donde asistía en los 70s a ver el “Burlesque” con Lyn May y la Princesa Lea bañándose en su copota de champán. Las alfombras roídas y la pasarela de un teatro donde asomaban las ratas bigotonas mientras estas ingenuas encueratrices de esos años adolescentes y juveniles hacían volar nuestra imaginación.
Que eso, IMAGINACIÓN, fue lo que les falto a los responsables del bodrio lastimoso que vimos este domingo.
Los cantantes y la música de Tchaikovsky lograron en algunos momentos entretener al respetable.
Jorge Lagunes es poseedor de una de las más bellas voces de timbre baritonal que tenemos. Su Eugene Onegin, que cantó por primera vez, le va bien. Ya lo madurará.
Arturo Chacón, novato tenor de timbre todavía lírico ligero, salio sin pena ni gloria, del compromiso de suplir al ya veterano Vargas, a quien ya le oímos ese Lensky en Florencia. Debe seguir superándose Chacón vocal e histriónicamente pues verde es el color de la esperanza.
La soprano armenia Karine Babajanian canto una Tatiana carente de la personalidad que requiere el adorable personaje. No evoluciona jamás de la tímida romántica del acto primero a la aristocrática Princesa del final. Monótona.
Guadalupe Paz tiene bonita voz de mezzo y su Olga no le presenta ninguna gran dificultad. Los partiquinos, mal vestidos y peor dirigidos, pasan en el limbo, sin brillar jamás,
en la ridícula puesta. Jamás dan los personajes.
Del balletito infame y del coro nos abstenemos de hablar. Luego nos acusan de perros rabiosos e injustos. Nada nos gusta.
La batuta de Ivan Anguélov poco pudo lograr con una partitura tan rica y variada. Se dedico a acompañar el caos.
Pareciera ya ser marca de fábrica la mediocridad soslayada.
Solo sería interesante donde quedaron los 4 millones de “pancholares” que les costó la tintorería de las garras presentadas. El Superintendente y locutor tiene la palabra.
La rendición de cuentas es necesaria.
México D.F. a lunes 26 de mayo de 2006.
27 Abril 2008
Catherine Malfitano se hace odiar y conmueve en “JENUFA”.
Ópera de Leos Janacek presentada en Bellas Artes, México.
Por Manuel Yrízar.
La estruendosa ovación y la lluvia de flores con que fue recibida la soprano neoyorkina Catherine Malfitano al concluir la representación de “JENUFA” de Janacek se recordará por espontanea y feliz conclusión de alguien a quien odiamos pero ovacionamos. Contradicciones de la vida y el teatro musical. Kostelnicka o LA SACRISTANA viuda debería llamarse la ópera cuando la canta una artista excepcional.
Convencional y pobre, en el buen sentido de la miseria exhibida, tres palos tembeleques y tambaleantes, otros cuatro costales arrumbados a diestra y siniestra, y la ya baratona e imprescindible proyección atrás, esta ópera checa llega al teatro de Bellas artes con el rezago y el retraso que acostumbramos en nuestra paupérrima vida lírica nacional.
Pero ópera hubo pues hubo música y drama. Un elenco mezcladito de cantantes extranjeros en los roles protagónicos acompañados por eficientes partiquinos mexicanos cumplidores. El coro y la orquesta siguió la batuta de Jan Chalupecky en el nivel medio a que nos tiene mal acostumbrados sin tantas pifias lo que ya es de agradecérsele. La escena de Juliana Faesler cumple con corrección académica el tránsito de actores y comparsas.
Helena Kaupova cumple con el protagónico de una Jenufa siempre entristecida. Ales Briscein nos brinda un siempre acobardado y apocado Steva Buryja. Gianluca Zampieri da vida y presencia al acomplejado Laca Klemen siempre quejumbroso y lloricón. Ambos enamorados de la infeliz Jenufa son incapaces de brindarle el amor que pretende y merece. Las mexicanas Belem Rodriguez y Carla Madrid tienen a su cargo y voz a la abuela Buryja y a Jano, niño pastor quien junto a Armando Gama que canta el capataz
Todos los demás personajes dicen su par de líneas con aplomo: Arturo López, Eloisa Jurado, Irasema Terazas, Emma Melik, Eleonora Sancho, Araceli Hernández y Miguel Hernández Bautista. Mejor que otras veces el coro bailador.
Pero quien indiscutiblemente llena el escenario y sube un 100% el nivel alcanzado es la grande actriz-cantante Catherine Malfitano quien triunfa arrolladoramente creando un personaje siniestro y tierno, repugnante y eléctrico, contradictorio y fuerte, avasallador, la madrastra Kostelnicka.
Malfitano, nos comentaba un maestro de ópera en los intermedios, es de esa línea de las actrices creativas cantantes que con su sola presencia llenan ellas solas el escenario: Callas, off course, Stratas, Malfitano. ¿Cuál otra?
Apoderarse de un personaje y hacerlo vivo, dotarlo de carne y pasión, sentimiento, energía, verdad, solo lo logran esos grandes. Dotados del don del talento teatral transmiten algo que llega directo y no se olvida. Convertir una historia bastante convencional y melodramática, cursi tal vez para nuestros tiempos posmodernos, en un drama conmovedor no es cosa fácil. Catherine Malfitano logra el milagro. Sublima.
La historia de la mujer engañada y preñada, abandonada y despreciada, llena de los prejuicios de sus tiempos aldeanos,
cobra una nueva dimención cuando aparece la viuda del sacristán. Enlutada y solemne, brutal pero respetada por su invulnerable virtud cristiana, ostentosa del crucifijo y el rosario
Al final, conmovedor y contradictorio, la madrastra confiesa su crimen. No puede soportar los remordimientos que le traen el descubrimiento del delito. El cadáver congelado del bebe asesinado ha aparecido en el río. Kostelnicka Burijovka se desmorona. La feroz sacristana se derrumba. Confiesa que es ella quien consumó el crimen horrendo. Convertida en una mujer sufriente sufriente y arrepentida confiesa:” No amé a nadie más nunca que a mí misma.” Soberbia actuación.
Catherine Malfitano logra con este personaje entrañable, aborrecible y conmovedor por demasiado humano, un triunfo más a los que, en sus 70 papeles de todos los tipos, ha brindado al mundo de la ópera universal. Un privilegio fue haberla visto y escuchado. Con tristeza nos enteramos que la función no fue grabada por la televisión. Si usted la vio grabé en su memoria lo que contempló. Nada quedo como testimonio. Parece que quieren también matar la memoria.
México –Tenochtitlan, domingo 27 de abril de 2008.
29 Marzo 2008
RENÉE FLEMING EN BELLAS ARTES.
Por Manuel Yrízar.
La noche del jueves 28 de marzo del 2008 fijó la fecha del debut de la Fleming.
Cuando hablamos solo del apellido de un(a) cantante por supuesto damos por hecho que nos referimos a un famoso, a un consagrado. Por angas o por mangas la afluencia del público al teatro para presenciar a estas “figuras” que tantas expectativas despiertan por la popularidad que los precede augura llenos seguros.
Y ayer por la noche no fue la excepción. Ambiente festivo se sentía desde el arribo. A los habituales que asisten a la ópera, fauna familiar y harto conocida, se unieron los que el eco del nombre de la soprano hizo volver al teatro olvidado. No faltaron los saludos y los abrazos con los aficionados que afectuosos reconocen a quien hace ya algunos ayeres no saludábamos. Apapachos, palmadas y besitos.
Ya dentro del teatro la expectación se manifiesta en el ambiente calientito y feliz.
Esa atmósfera especial, esa energía que despiertan todas las energías reunidas deseantes y anhelantes de que el rito de comienzo. Una Diva siempre trae consigo un aura luminosa que ilumina a los mortales desde antes que se digne a bajar.
Nos extraña un poco el atuendo poco formal de un señor un poco o mucho pasado de peso que aparece sobre el escenario donde ya la orquesta con zapatos boleados acaba de afinar sus instrumentos. Pensamos que tal vez sea algun discursante que nos atosigará con el consabido rollo pero nos equivocamos: es el director Constantine Orbelian, huésped de la Orquesta del teatro de bellas artes. Con agilidad no obstante su gruesa figura sube de un brinco al podio para empezar el concierto. La Obertura de NABUCCO de Verdi suena desangeladona, cuerdas corrientitas, un solo de madera bastante feo, ese que canta el famoso coro, suena a banda popular verdiana de Busetto. Leída y despachada rápido.
A nadie le extraña ni le interesa mucho el tan sobado NABUCCO pues el respetable público viene a oír cantar a Renée Fleming. A eso venimos todos.
La pausa que antecede su entrada es teatral. Así tiene que entrar una Diva de ópera. Dándose a desear. Preparando la seducción. Enamorando. Seduciendo.
ya desde antes de aparecer. Las estrellas que aparecen en el cielo oscuro brillan más. La ovación que recibe la soprano es calurosa. Bien empieza el asunto.
Lo primero que canta son dos arias de I VESPRI SICILIANI de Verdi “Arrigo¡ Ah parli a un core...” y “Mercé, diletti amiche...” el famoso Bolero. Ya desde aquí Fleming muestra un refinamiento en la emisión, un “fiato” amplio, largo y concentrado, manejo sobrio de la voz que no nos parece en este registro tan bella.
De correcta interpretación nos deja oír ya algunas de la virtudes y defectos que caracterizan su nombre.
El preludio al tercer acto de LOHENGRÍN de Wagner es despachado con más pena que gloria. Correteado el tiempo, machacóna la batuta, aseptico y sin matiz ninguno, “fellollón” (Alcaráz dixit) la música termina como mero ejercicio de rutina. Sín pifias por fortuna los metales.
Vuelve a aparecer la Mujer Dorada. Renée canta al autor que es en esta etapa de su carrera a quien mas atención está poniendo: Richard Strauss. “Freundiliche Visión” Op.48,núm.1, “Winterweihe” op.48, núm.4 y “Zueignung” Op.10, núm.1.
En estas canciones podemos constatar que la voz de Renée Fleming es la de una soprano lírica ligera, delgada y bien enfocada, manejada con una escuela y una técnica rigurosa y perfectamente adecuada y controlada. No es un instrumento de grandes alcances. potencia y volumen medio. Facilidad en el control del aire. Emisión bien enfocada que “corre” por toda la sala y que se escucha en todos sus registros con facilidad. Sin estridencias. Dominio. Y, tal vez, cierta frialdad sajona.
La orquesta vuelve al nivel a que nos tiene acostumbrados. Ya más relajados brindan una versión dispareja, somnífera, adormecedora, de la música de ballet de FAUSTO de Gounod, casi siempre suprimida en las últimas que hemos presenciado. El Adagio, Allegreto/”danza antigua” terminan como relleno. Nada más.
Ya sale Fleming para concluir esta primera parte. De Antonin Dvorak deleita, ahora sí, al público, con la belísima aria de la ópera “RUSALKA”. Si antes nos había brindado un canto correcto y bien matizado pero algo gélido, en esta interpretación prende por primera vez al público de la sala. Bella interpretación.
El público se calentó. La ovación puesta de pie, muy teatral, lo ratifica.
En el intermedio la tertulia y el beneplácito es general. Algunos amigos comentan y preguntan que nos ha parecido, como es la voz, que opinamos. Buen ambiente.
Ya regresa el no siempre respetable a sus butacas.
El concierto debe seguir. La música tiene que sonar.
La orquesta interpreta La muy famosa “Meditación” de la “THAIS” de Jules Massenet. Y suena bien. El solo de violín maravilloso encuentra en el concertino ruso Vladimir Tokarev Ivanovich a un intérprete ideal y dotado esta noche del estado de gracia del artista inspirado. El sonido de su vilín solista contagia a sus compañeros de calvario en el mismo dolor redentor. La ovación es estruendosa. El músico es obligado a ponerse de pie para recibir una calurosa ovación.
Ya el público se ha emocionado.
Y eso se nota en el calor humano.
Sín, por fortuna, ruidoso y maloliente, aire acondicionado.
Renée Fleming sale con otro vestido que también sube la temperatura. Rojo de matiz suavizado pero sensual y vigoroso. Muy guapa luce la mujer cantora. agradecidos los mortales: señoras y señoritas, damas y caballeros: ECHO LA DIVA. En el repertorio francés se siente bien. “L’ amour est une vertu rare...” y
“Dis-moi que je suis belle...”. Y y canta la verdad. Es bella. Se lo decimos todos.
De Aram Khachaturian la orquesta, ya más animada, tocan bien el Vals Mascarada. A secas. Con pifias chicas. que no vale la pena consignar.
Cuando se escucha el tema del aria de “GIANNI SCHICCHI” de Puccini suena un suspiro al unísono en toda la sala. Casi de emoción orgásmica. Erotiquísimo.
Y es que hasta el villamelón más consumado no puede dejar de sentir bonito, de extremecerse con gran frenesí, con la gustada aria “O mio babbino caro...” o, en traducción libre, (extrañamos a Francisco Méndez-Padilla) “Oh papacito chulo...”.
Y la verdad sea dicha. La canta bien la Fleming. Incluido un regulador ( artilugio o coloratura que consiste en atacar la nota en piano, irla creciendo hasta el fuerte y de allí volver a disminuir al piano) y finaliando con una nota en “pianissimo” que no obstante resonó en la sala. ¡Gusta al villamelón¡-comentamos al compañero de junto-¡A TODOS¡. respondió rotundo. Tiene razón. Con este numerito acabó la cantante de echarse al público, en el buen sentido del término, a la bolsa.
Siguiendo en la línea pucciniana escuchamos la muy gustada aria de la “TOSCA”
“Vissi d’arte” en la versión para una soprano lírica ligera.
De Dmitri Shostakovich oímos “Tahiti Trot, Op.16, “Té para dos” divertida y sutil.
Y allí, para mí lo mejor de la noche.
De la ópera “PORGY AND BESS” de su paisano George Gershwin esa melodia bellísima llena de profunda melancolía negra: “SummerTime”.
Aquí la Diva alcanzó el nivel de la Divinidad. Dios mismo se asomo y aplaudió.
Y muy buena su interpretación de “I Could Have danced All night” de la ópera
(ya se que la llaman también “Comedia Musical” los puristas ortodoxos” fijados)
“MY FAIR LADY” (Mi bella dama) de Lerner y Loewe. Una bella cantó la bella.
Ya hasta alturas solo la disfrutamos. nos olvidamos ya, conquistados, de toda ortodoxia, de, diría algún retórico cursi y pedante, de cualquier banalidad.
Todavía brindo algunas propinas.
Y finalizó la velada con el “Papacito adorado”.
Adorada Renée Fleming.
28 Febrero 2008
“¡Tosca finalmente mía... ¡” Por Manuel Yrízar.
Palacio de Bellas Artes. México.
Función del martes 27 de febrero de 2008.
Sorteando todos los obstáculos burocráticos y la pésima organización de un teatro otrora ejemplar que aparecía en el mapa internacional de la ópera, la producción del “FESTIVAL DE SAN LUIS POTOSÍ”, cuyo crédito ningunearon los funcionarios
disfuncionales de la mal llamada Compañía Nacional de Ópera, y que vimos tirados por el suelo- pues ni para engraparlos tuvieron tiempo en los programas de mano que les regalo PRO ÓPERA- se presentó la “TOSCA” de Puccini anoche.
Quizás sea este título del compositor que este año celebramos-el último operista tal vez de la vieja escuela italiana de tradición “belcantista” y romántica-el que mayor número de veces hemos presenciado en nuestra vida farandulesca. Estrenada en México en el Teatro Arbeu un año después del mundial en Roma en 1900, este título ha gozado siempre del favor del público aficionado por más de cien años. Y hay muchas razones para ello. La conmovedora historia sigue viva.
Más que la petulancia y pretensión de saludos con sombrero ajeno esta obra requiere de los tres ingredientes que anunciaban al detergente FAB en nuestra niñez: remoje, exprima y tienda. O sea talento musical, teatral y vocal.
Un músico experimentado, concertador eficiente, dotado en este terreno desde que lo conocimos como asesor musical en las grabaciones para televisión hace 28 años, y ahora maduro y colmilludo director concertador de ópera, Enrique Patrón, conoce esta obra de memoria. La puesta en escena y concepto original estuvo bajo la atenta mirada y el talento de un hombre de teatro y ópera que creció en estos menesteres y que sabe trabajar el género cada vez con más disciplina y rigor, Cesar Piña. En esa idea del CONCEPTO quisiéramos abundar más adelante. Y los cantantes que son aquellos cuyo trabajo es insustituible pues ya sabemos que es el ingrediente principal, como querían Rossini, Verdi y otros “Voz, Voz y Voz”.Y aquí el trío que estuvo arriba del escenario, Romankov-De la Mora-Sulvarán son jóvenes veteranos que aúnan a sus instrumentos experiencia, pasión y cariño.
Que bueno que se especifique en el programa que Cesar Piña trabajó en la “Puesta en escena y concepto original”. Eso el CONCEPTO es lo que nunca puede faltar. Idea que concibe o forma el entendimiento. CONCEPTO así definido.
Aprovechando la escenografía del arquitecto Legorreta, quien por primera vez incursiona en este mundo de la ópera, Piña maneja a los personajes del drama como si de marionetas se tratara. La mano del destino puso a los personajes en ese cascarón abstracto, en esa cúpula o huevo original y primario, para que amaran, desearan, mataran y murieran. Para eso están allí. La amante celosa.
El pintor enamorado y revolucionario. El policía venal y corrupto. Los esbirros serviles y serviciales. El pueblo que ora y llora. Hombre de teatro riguroso pero además titiritero sabio maneja a sus personajes como arquetipos estereotipados. Verdaderos cuadros plásticos se van formando en la escena. Me subyugaron dos escenas en particular. La de los esbirros que con lentitud contemplan las acciones y los soldados tragicómicos que llegan, fusilan y se van, marchando como marionetas. Y una multiplicidad de detalles de inteligente finura. Hubo concepto.
Sabemos que en un teatro atiborrado que sirve lo mismo para un corrido que para un regado los “cómicos de la legua”, que ya han presentado esta puesta en San Luis Potosí, donde la vimos en su estreno el año pasado, seguirán con otras funciones y que continuará la gira por otros lugares de los estados. Felicitaciones a todo el elenco. Particularmente a la Directora general del Festival de san Luis Potosí, la trabajadora y guapa María González.
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